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El miedo es una respuesta normal y natural ante amenazas reales o imaginarias. Es una reacción que no se aprende, es innata. Los miedos infantiles tienen elementos beneficiosos para la supervivencia, ya que preparan al organismo ante una situación vivida como peligrosa. Durante la primera infancia, a medida que el niño crece se va independizando de los padres, el miedo a los demás y a lo que le rodea es una de las muchas manifestaciones que muestra la ansiedad a lo desconocido. Por eso les da miedo estar solos y a oscuras en la habitación. El miedo como respuesta natural, es incluso positivo, porque permite al niño entender el ambiente que le rodea y sentirse más confiado en su habilidad de lucha contra él.

Es muy importante que los padres ayuden a sus hijos a alcanzar la independencia. Sobreprotegerles tiene un efecto muy negativo porque los pequeños renuncian a poner en práctica sus habilidades y pierden la confianza en sí mismos. Si evitamos que se enfrente a lo que le asusta, será cada vez más miedoso. Mostrar demasiada preocupación por sus temores le trasmitirá la idea de que tiene razón al sentirse asustado. Un niño inseguro es un niño miedoso.

Los miedos de la primera infancia tienden a desaparecer con la edad. Por ello se llaman miedos evolutivos, se podría decir que conforme el niño va creciendo, va pasando por diferentes etapas y diferentes miedos. Por ello, los niños experimentan miedos muy variados a lo largo de su desarrollo. La mayoría son pasajeros, de poca intensidad y propios de una edad determinada.

CRONOLOGÍA DE LOS MIEDOS
O-6 MESES : ruidos intensos y a caerse
6-12 MESES : a los movimientos bruscos y a las alturas
2 AÑOS: a situaciones nuevas, a separarse de los padres, a los animales y a la oscuridad.
3-5 AÑOS: a los animales, a la oscuridad, a los monstruos y a estar solo.

MIEDO A LA SEPARACIÓN DE LOS PADRES: Se da ante la separación de sus padres o personas ligadas afectivamente. Todos los niños pasan por ello en algún momento de su desarrollo. Las situaciones en las que puede aparecer son: escolarización, trabajo de los padres, hospitalización, divorcio.
MIEDO A LOS ANIMALES: Es de los más comunes. No hay que forzarles a relacionarse con ellos si no quieren. Si realizamos un acercamiento debe ser progresivo. Si ven que sus papás y otros niños se acercan sin peligro, su miedo irá desapareciendo.
MIEDO A ESTAR SOLO: Es un miedo habitual en los niños más inseguros.
MIEDO A LA OSCURIDAD: Aparece a los dos años y disminuye hacia los nueve. La noche es el momento de separarse de sus seres queridos y enfrentarse a la soledad. Es normal, aparece sin razones aparentes, está sujeto a un ciclo evolutivo y desaparece en el trascurso del tiempo. La rutina del sueño ayuda a dar seguridad a los niños.
Durante el sueño pueden aparecer manifestaciones de la ansiedad y la angustia del niño: los terrores nocturnos y las pesadillas.
– Terrores nocturnos: son despertares bruscos que se acompañan con llantos, gritos, y en los que al niño le cuesta reaccionar ante el intento de despertarle. Se dan entre los 4 y 12 años. Una vez calmado, el niño se vuelve a dormir y, en general, al día siguiente no guarda recuerdo del incidente.
– Pesadillas: La angustia se manifiesta de manera menos intensa. Aunque llorando de miedo, el niño es capaz de llamar sus padres y de contar aquello con lo que estaba soñando, se le puede calmar más fácilmente, pero costarle, en cambio, volverse a dormir sin la compañía de sus padres.

¿SE QUITA EL MIEDO?
– Sí. El miedo es como un “vecino raro” que se instala en la casa. Si es bien recibido seguramente se quedará. Por ello, debemos animar al niño a exponerse por sí mismo al miedo y vencerlo. El niño, debe quitar el poder al objeto o situación temida, para ello hay que hacer ver al niño el poder que el mismo tiene para vencerlo. Hay que ayudar al niño a entender sus sentimientos de miedo y trasmitirle mucha seguridad.

Debemos tener sumo cuidado para no reforzar las conductas del niño que evitan que enfrentarse al problema. Mientras el niño evite enfrentarse a la situación que teme, el miedo no se irá, se mantendrá.

Algunas ideas que podemos usar con nuestros hijos son:

  • Podemos recurrir a un piloto de luz para que esté tranquilo.
  • Practicar juegos en la oscuridad junto a papá o mamá: la gallinita ciega, sombras chinescas (con las manos y una linterna haremos sombras), escondite, regalos escondidos… e incluso mirar las estrellas por la noche o ver la ciudad iluminada desde algún lugar alejado.
  • Evitar explicarle cuentos truculentos en los que asocie ciertos aspectos con peligro. Favorecer su valentía con cuentos que tengan personajes que superen sus miedos.
  • Si tiene miedo a la oscuridad, ayudarle con paciencia y cariño dándole la mano para entrar suavemente en lugares oscuros mientras le decimos que “no pasa nada”, que está protegido, y si se resiste, no forzarle, ya lo intentaremos en otro momento.
  • Normalizar los miedos, etiquetar esa emoción, para que el niño aprenda a identificarla y poder regularla poco a poco. Primero con ayuda de los papás.
  • Podemos inventar algún ritual como “destruir miedos y domar monstruos”: podemos ayudar al niño a capturar, domar y supervisar sus temores.
  • Permitir a los niños estar con distintas personas, así disminuimos la dependencia excesiva hacía los padres.
  • Evitar la sobreprotección.