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El miedo es una emoción normal. Llorar de tristeza, reír de alegría, enrojecerse de rabia, palidecer de miedo, son respuestas emocionales comunes a los niños. Son naturales y universales, ocurren como algo normal en el desarrollo del niño. Los niños no entienden el mundo que les rodea y esto les crea incertidumbre y miedo. Algunos miedos llegan a ser perjudiciales para el desarrollo del niño (aquellos que provocan una elevada intensidad en la respuesta: náuseas, diarreas, mareos, desmayos, dolores de cabeza…), mientras que otros pueden hacer que el niño evite algún accidente: Por ejemplo: miedo al cruzar una calle, miedo de caerse del columpio, miedo a los animales, etc. Son miedos que enseñan al niño a ser más precavido en situaciones que exigen más cuidados.

Los niños experimentan miedos muy variados a lo largo de su desarrollo. La mayoría son pasajeros, de poca intensidad y propios de una edad determinada. Tienden a cambiar a medida que el niño va creciendo.

Los niños empiezan a tener miedo a las personas extrañas, a objetos raros, a los ruidos fuertes, a la oscuridad, y luego empezarán a tener miedo a la muerte, a los monstruos, a los ladrones, etc. Muchos de estos miedos se ven inducidos por el ambiente externo como las películas, los cuentos, las historias de los amiguitos, y otros están fundados en experiencias negativas en casa o fuera de ella.

A los 4 años, nuestros hijos empiezan a desarrollar la capacidad y el juego de imaginar (desde los tres hasta los cinco años aproximadamente) así los sucesos imaginarios les gustan, pero aún tienen dificultades para distinguir la realidad y fantasía.

Se juntan aquí el miedo a la oscuridad, el miedo a la separación y los miedos nocturnos. Es un miedo infantil muy típico, que suele aparecer en torno a los cuatro años, no queriendo quedarse solos a la hora de dormir. Tiende a desaparecer alrededor de los nueve años, así que podéis estar tranquilos, que lo que le ocurre, entra dentro de lo normal.

Son frecuentes las pesadillas, producto tanto de los temores propios de la edad como de los conflictos y crisis emocionales derivados del desarrollo infantil. A temporadas pueden desarrollarse con mayor frecuencia. No son preocupantes y normalmente bastará con tranquilizarle para que el resto de la noche trascurra apaciblemente.

Cómo deshacer un miedo: ¿Se quita el miedo?

Sí. El miedo es como un “vecino raro” que se instala en la casa. Si es bien recibido seguramente se quedará. Por ello, debemos animar al niño a exponerse por sí mismo al miedo y vencerlo. El niño, debe quitar el poder al objeto o situación temida, para ello hay que hacer ver al niño el poder que el mismo tiene para vencerlo.

Debemos tener sumo cuidado para no reforzar las conductas del niño que evitan que enfrentarse al problema. Mientras el niño evite enfrentarse a la situación que teme, el miedo no se irá, se mantendrá.

Algunas ideas que podemos usar con nuestros hijos son:

  • Muestra tranquilidad y transmítesela, no le demuestres preocupación y/o angustia. El niño mediante modelado (imitación) interioriza los patrones que ve en su familia. Si mostramos tensión, le enseñamos al niño a tener tensión.
  • No fuerces al niño a las situaciones, cosas y objetos que teme. Elabora un plan de acercamiento progresivo.
  • Utiliza tu ejemplo, enseña al niño que no pasa nada en esas situaciones que teme.
  • Nunca ridiculices al niño y respeta sus temores.
  • Si el niño es pequeño emplea algún cuento.

  • Cuando avance su nivel de desarrollo (5 a 9 años).  Acompáñale y ayúdale a enfrentarse a los miedos, utiliza el juego y el humor (si tiene miedo a la oscuridad, juega con él encendiendo y apagando la luz) de esta forma se desmitifican los miedos. Podemos inventar algún ritual como “destruir miedos y domar monstruos”: podemos ayudar al niño a capturar, domar y supervisar sus temores.

 

Departamento de Orientación